¡Solo no se puede!

Sozinho-nao-da

Siguiendo el post de ayer, una persona que lo leyó, hizo el comentario: “Intento hacer lo que ustedes dicen en el libro y en los programas, ¡pero cuando solo una persona está luchando y la otra no, se hace difícil!”

¿Y entonces usted desiste porque es difícil? Está bien. Sepa que quien desiste tiene la garantía de la derrota. Quien persiste tiene la oportunidad de vencer.

Sin embargo, tengo que concordar con parte de lo que usted dijo: “Cuando solo una persona está luchando.” Mientras usted se vea así, sola o solo en su lucha conyugal, económica, profesional o sea cual sea, realmente no será solo difícil sino imposible.

Es entonces cuando entra Dios. Pero Él solo entra cuando usted Lo invita y hace de Él su pareja en esta lucha. No diga más: “solo es difícil”. Eso Lo excluye a Dios de la lucha.

“Porque mayor es Aquel que está en vosotros, que el que está en el mundo.”

1 Juan 4:4

Considere lo que Juan dijo. Según él, la lucha es desigual no para su lado, sino para el lado de su oponente, pues quien está con usted es mayor. Entonces sería más correcto decir: “pobrecito mi enemigo, es difícil para él”.

Esta tiene que ser su visión y su fe.

Otra cosa que Juan dijo en el versículo anterior, de suma importancia, es: “Aquel que está en vosotros”.

Entonces su pregunta debe ser: “¿Él está en mí?”

¿Cómo saberlo con certeza? Basta ver lo que Jesús dijo:

“Si permanecéis en Mí, y Mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho.”

Juan 15:7

Si guarda y hace lo que Él dice, Él estará con usted. ¿Cómo funciona eso en la práctica?

Suponga que usted está enfermo. Usted tiene un médico. Él está disponible y capacitado para ayudarlo. ¿Qué tiene que hacer usted? Ir hacia él, contarle su problema, dejarlo que lo examine, recibir su orientación, creer en la misma y seguirla al pie de la letra, hacer el tratamiento, y volver al médico hasta estar bien.

Si usted falla en cualquiera de los pasos anteriores, no servirá tener un médico. Así es con Dios.

Usted tiene un problema y también Lo tiene a Dios listo para ayudarlo. Usted necesita ir hacia Él, hablar con Él, oírlo y cuando le muestra su diagnóstico, recibir Su consejo, creer en el mismo y seguirlo al pie de la letra, continuar haciendo eso, y seguir volviendo a Él hasta estar bien.

Vea que no es automático. “Tengo fe en Dios, va a salir todo bien.” No. Usted no dice: “Tengo fe en el médico, va a salir todo bien” y se queda en su casa esperando que la existencia del médico lo ayude. Usted tiene que ir a buscarlo. Esta es su lucha. En vez de trabar una lucha con su marido/esposa/patrón/enemigo – trabe su lucha con Dios. Pídale a Él. Reclámele a Él. A fin de cuentas, ¡fue Él quien lo prometió!

No se vea más solo en la lucha. No confiese más que su problema es mayor que usted. Crea que lo contrario es verdad. Y vaya a buscar en Dios la fuerza que necesita.

Sino incluso será cobardía.

Obispo Renato Cardoso

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