Montón de ruinas

Desde que comenzó la guerra civil en Siria, ya murieron cerca de 400 mil personas. Además de eso, se estima que los refugiados ya han superado los 4.5 millones y que aproximadamente el 70% de la población que permanece en el país vive por debajo de la línea de pobreza. La destrucción en Siria alcanza a ciudades como Alepo, Quseir, Homs y Damasco, esta última, la capital.

Esta guerra comenzó en 2011, cuando un grupo de jóvenes expresó sus críticas al gobierno del presidente Bashar al-Asad. Ellos fueron detenidos y torturados, pero eso no resolvió el problema; por lo contrario, los manifestantes se apoderaron de varias ciudades y se expandieron cada vez más. Como respuesta a los movimientos pacíficos, que pedían la renuncia del presidente, las fuerzas de seguridad del gobierno combatían a los manifestantes con represión, causando muertes e intensificando la violencia.

Los conflictos aumentaron cuando los civiles comenzaron a armarse y a combatir a las fuerzas oficiales con la intención de tomar el control de las ciudades y asumir el poder, y hoy lo que se ve es una guerra dentro de otra, con varios factores internos y externos que la influencian.

Ante tamaña tragedia y crímenes contra la humanidad, es imposible que no asociemos lo que está sucediendo en Siria, en especial en la capital, Damasco, con la profecía del libro de Isaías:

“He aquí que Damasco dejará de ser ciudad, y será un montón de ruinas.”

Isaías 17:1

Desde que comenzó la guerra civil en Siria, ya murieron cerca de 400 mil personas. Además de eso, se estima que los refugiados ya han superado los 4.5 millones y que aproximadamente el 70% de la población que permanece en el país vive por debajo de la línea de pobreza. La destrucción en Siria alcanza a ciudades como Alepo, Quseir, Homs y Damasco, esta última, la capital.

Esta guerra comenzó en 2011, cuando un grupo de jóvenes expresó sus críticas al gobierno del presidente Bashar al-Asad. Ellos fueron detenidos y torturados, pero eso no resolvió el problema; por lo contrario, los manifestantes se apoderaron de varias ciudades y se expandieron cada vez más. Como respuesta a los movimientos pacíficos, que pedían la renuncia del presidente, las fuerzas de seguridad del gobierno combatían a los manifestantes con represión, causando muertes e intensificando la violencia.

Los conflictos aumentaron cuando los civiles comenzaron a armarse y a combatir a las fuerzas oficiales con la intención de tomar el control de las ciudades y asumir el poder, y hoy lo que se ve es una guerra dentro de otra, con varios factores internos y externos que la influencian.

Ante tamaña tragedia y crímenes contra la humanidad, es imposible que no asociemos lo que está sucediendo en Siria, en especial en la capital, Damasco, con la profecía del libro de Isaías:

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