La belleza de la reprensión

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A nadie le gusta ser reprendido, incluso mereciéndolo, ¿no es cierto? En el momento, parece que nos están golpeando sentimentalmente; el corazón aprieta, el rostro se ruboriza, no sabemos para donde mirar, y si miramos hacia el suelo, la humillación se hace aún más visible. Nos dan ganas en el momento de defendernos, al final de cuentas, no fue nuestra intención equivocarnos tanto; pero cuanto más nos explicamos, más nos perjudicamos delante de quien nos está reprendiendo… es como si no estuviésemos aceptando aquella reprensión, cuando, en realidad, solo queríamos ser comprendidas.

¿Y qué? ¿De qué sirve que comprendan nuestros errores? ¿Sabes lo que sucede con quien evita la reprensión? La persona se transforma en una presa fácil para el engaño.

Estaba leyendo el libro de Hebreos este fin de semana y fue justamente este pasaje que habla al respecto de la reprensión que se destacó:

“Antes exhortaos los unos a los otros cada día, mientras todavía se dice: Hoy; no sea que alguno de vosotros sea endurecido por el engaño del pecado” Hebreos 13.3.

SIGNIFICADO DE EXHORTAR

Incentivar; dar estímulos, incentivos; mostrar coraje para. Ex. El presidente exhortó a las fuerzas armadas a entrar en la zona. Aconsejar; hacer que alguien piense o se comporte de determinada manera: Exhortaba a los alumnos a pensar de acuerdo a sus pensamientos.

Para mí, exhortar no es solo lo que el diccionario dice, sino también reprender, pues ¿cómo vas a incentivar a alguien que no quiere que lo incentives? ¿O cómo estimular a alguien que está en el error? A veces, para exhortar a alguien, también tenemos que reprenderlo y, de acuerdo con este pasaje, es necesario pasar por esto ¡todos los días! :-O

¿Imagínate necesitas ser exhortada todos los días? Normalmente, cuando eso sucede, la persona piensa que es rechazada, despreciada, que no les cae bien, que están queriendo hacer algo contra ella, que quieren que ella desista, que creen que ella no tiene fuerza propia… ¿pero, será así?

Piensen conmigo. ¿A quién estimularías y reprenderías: a una persona que quieres que mejore o alguien que no hace ninguna diferencia para ti? La respuesta es bastante obvia. Yo, particularmente, no exhorto a todo el mundo, pero con algunas personas, estoy siempre ahí, jajaja. Una de ellas es mi hermana, ¡pobre! Ella ya está acostumbrada. Algunas amigas más allegadas también reciben una exhortada de vez en cuando… Incluso ustedes son exhortadas de vez en cuando, ¿no? JAJAJAJ… por aquí en el blog, en las reuniones de Godllywood Autoayuda, en la Terapia del Amor, en la Escuela del Amor… pues bien, ¡vean como la exhortación hace bien!

La exhortación no solo nos ayuda a mejorar como persona, sino también, nos blinda del engaño del pecado, o sea, cuando alguien nos exhorta, somos fácilmente engañadas por nuestra propia naturaleza que, de hecho, es corrupta.

Recuerdo una vez que fui exhortada (más que reprendida) por mi padre por llorar descontroladamente a causa de una decepción muy grande que había pasado con mi hijo. Todo lo que recuerdo de lo que él me dijo aquel día fue: ¡¡¡PARA DE LLORAR!!! ¡¡¡MIRA PARA ADELANTE!!! UN DÍA USARÁS ESTA HISTORIA PARA AYUDAR A OTRAS MADRES!!!

Por fuera, solo lo miraba, pero por dentro, era como si él no estuviese sintiendo mi dolor, como si yo no tuviese derecho a sentir nada… no fue fácil. Obedecí, pero mis lágrimas rodaban por mi rostro aún. Hoy, veo que mi padre tenía razón y cómo esa reprensión me hizo bien… ¿imagina si me hubiese entregado a aquel dolor? ¡Seguramente estaría en depresión!

Amigas, ¡aprovechen las exhortaciones que a veces vienen como reprensiones! No se escondan de ellas, no huyan; ellas forman parte de nuestro crecimiento personal. A veces, no logramos ver y solo alguien de afuera puede apuntarnos el agujero en el que estamos por caer…

Una razón más para concurrir a la Iglesia asiduamente, pues vivir la fe lejos de la Casa de Dios es, prácticamente, ¡un suicidio espiritual!

En la fe.

Cristiane Cardoso

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