¡Excedí el trauma que viví!

Cesária

Para millones de personas, los problemas de que padecen se ven agravados por las emociones descontroladas que experimentan. Y no son pocos los que, debido a eso, acaban por desarrollar graves problemas de salud que, ni con medicamentos, logran superar. Asaltada por un torbellino de emociones, la joven madre que, de repente, se vio desamparada, se quedó sin saber qué hacer ante tantas desgracias repentinas en su vida.

“Mi matrimonio se había acabado y me quedé sola con mi hijo, que por aquel entonces tenía un año y cinco meses. Además, tenía cerca de 5.000€ de deudas y recibía el sueldo mínimo (por entonces 485€)”. Al ver el sueño de tener una familia feliz destruido, Cesária cayó en una espiral de emociones y sentimientos que no conseguía controlar de ninguna manera.
“Me quedé asustada, nerviosa y depresiva. Lloraba mucho, llegando a gritar. Tenía pensamientos de locura y oía voces. No dormía bien y tenía muchas pesadillas. Perdí el deseo de vivir y me quedé con mu- cha rabia de la situación por la que estaba pasando. Para intentar calmarme, me daba cabezazos contra la pared, me arrancaba el pelo y me mordía”.

VENCER EL DOLOR.
“Con la asistencia que recibí en Familia Unida, mi vida poco a poco fue cambiando. Fui liberada del tormento psicológico y espiritual que tenía. Atravesé el dolor y empecé a sentir paz y seguridad. Empecé a pensar más claramente y a tener ideas para reorganizar mi vida y educar a mi hijo.
Respecto a la salud, mi hijo, fue curado de los problemas respiratorios que tenía (que suponían un gasto de 50 euros al mes en la farmacia) y de una hernia inguinal.
En la vida económica: al principio tuve que trabajar el doble para conseguir hacer frente a todos los gastos mensuales habituales y pagar las deudas. A pesar de tener estudios, no conseguía trabajar en lo mío. Poco tiempo después, mi mente se fue abriendo y mi visión fue cambiando y conseguí visualizar cosas mejores. Empecé a tener objetivos y a crear proyectos para mi vida económica, algo que hasta entonces
no tenía. Hoy tengo un buen trabajo y gano más del doble de lo que ganaba. No necesito tener dos trabajos para man- tenerme y tengo tiempo para estar con mi familia y realizar otras actividades.
En la vida sentimental: superé el trauma que viví. La culpa era la vergüenza que sentía por lo sucedido. Hoy, sentimentalmente estoy bien, me siento feliz. Estoy en paz por haber resuelto todas aquellas cuestiones que me impedían seguir adelante, y ser una persona realizada. Ahora estoy preparada para rehacer esa parte de mi vida” – concluye.

Cesária