Cáncer de mama terminal

A los ocho años Elizabeth sufría con migrañas, un problema que se extendió a su edad adulta: “Pasaba los días que no trabajaba metida en la cama, en oscuridad; no quería ver a nadie y cualquier ruido me irritaba. Padecía depresión, tenía un prolapso de la válvula mitral y sufría de arritmia cardíaca”.
A los 30 Elizabeth fue desahuciada por los médicos cuando fue diagnosticada con bromialgia y síndrome de fatiga crónica.
“No podía hacer nada en casa, ni limpiar una puerta de un armario o tener una vida íntima con mi marido porque me sentía muy cansada. Tomaba la misma medicación que las personas que hacían quimioterapia, sin embargo, no me calmaban los dolores. El médico IMG_8957me dijo: ‘Elizabeth, hay que tener paciencia, ya que será así para el resto de su vida’ … Además, tenía constantes ataques y desmayos; en definitiva, tenía
una vida de infierno” -dice Elizabeth.

PUERTA ABIERTA.
La llegada a Familia Unida para Elizabeth fue el comienzo de una nueva vida, acompañada de una transformación completa, de dentro hacia afuera.”Cuando empecé a seguir las orientaciones que me daban y a realizar un tratamiento por mi salud, ya no tuve más migrañas.
El prolapso de la válvula mitral y la arritmia cardíaca también desaparecieron y empecé a sentirme más tranquila. Fuí curada de la fibromialgia y del síndrome de fatiga crónica.”

DESAFÍO FINAL.
“Tres años después me apareció un bulto en el pecho con una mancha roja que me causaba dolor. El diagnóstico fue un cáncer de mama. El médico programó la operación y fui hospitalizada un jueves para intervenirme al día siguiente. Esa noche, mi marido y yo, hicimos una oración. El médico que me iba a operar acompañado por su ayudante, vio el bulto y comentó: “aquí es donde vamos a abrir…”

OPERACIÓN CANCELADA.
“Al día siguiente, me llevaron para ponerme un arpón (que es un gancho en el sitio donde iban a abrir el pecho), pero tuvieron que hacer una ecografía para ver el lugar correcto. El médico hizo la ecografía, miró hacia atrás y dijo: ¡pero yo no veo nada! ¿Dónde está el tumor? ¡Vamos a hacer una mamografía! Me hicieron varias mamografías de todas las maneras y formas, junto a otros médicos que habían llamado…
tenía tanto dolor en el pecho por habermelo aplastado tantas veces… y NADA, el tumor había desaparecido … el médico dijo: ‘¿cómo es posible?’, y yo le dije: “¡fue mi fe que me sanó!”

FELICIDAD TOTAL.
Hoy puedo gritar en voz alta para que todos puedan escuchar que ¡yo soy una mujer feliz y realizada! Mi salud fue restaurada, mi matrimonio mejorado, tengo una hija maravillosa de la que me siento muy orgullosa.
Doy gracias a Dios todos los días por el privilegio de la vida.”