Automutilación del cuerpo y del alma

20170313

¡Durante 8 años me corté! Ese deseo siempre surgía al pasar por un problema con mi familia, pues yo quedaba con mucha bronca, y también después del consumo de drogas y bebidas.

Hace algunos días vi la invitación de la Vigilia de la Fuerza Joven en las redes sociales, y fui decidida a cambiar mi vida. Al llegar, me sentí indiferente y angustiada. Ya me había cortado en casa y, antes de que comenzara la vigilia quería encerrarme en el baño de la iglesia para cortarme, pero había mucho movimiento y no quería que nadie me viera.

El deseo solo aumentaba, tanto que yo tenía la hoja de afeitar en el bolsillo. El gusto de la bebida venía a mi boca y el deseo de tomar era inmenso. Volví a la reunión, fue entonces cuando oí la Palabra y me desligué del mundo y de todos. La Palabra tocó mi corazón, al punto de que aquella tristeza y el deseo de mutilarme salieron, también me olvidé de la bebida.

Cuando del obispo preguntó si había algún joven con una hoja de afeitar en el bolsillo, y mandó a que la dejara en el Altar, no lo pensé dos veces. Dejé lo que estaba en mi bolsillo y fui adelante del Altar. La obrera oró por mí y tengo la certeza de que fui liberada. Tomé la decisión, me bauticé y entregué mi vida en las manos de Dios. Hoy no siento más el deseo de mutilarme ni siento el deseo de la bebida. Esa vigilia fue un cambio de vida. Fue una gran oportunidad que tuve. Realmente hoy digo: ¡vale la pena vivir!

Jéssica, 23 años

Colaboró: Obispo Marcello Brayner

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